Sueños de Eternidad

CXXXIX (139)

Cogiendo mi mano, a mí te acercaste.
En tus labios, una frase buscada
la emoción la mantenía ocultada
pero al fin con el alma la llamaste.
En mi abrazo tus dudas disipaste,
besé tu pelo con ternura y amada
conociste que el tiempo no era nada
si cuando enamorada enamoraste.
Entonces el blanco, del gris, surgió;
tu rostro huyó de mí como un traidor.
La almohada, mis lamentos oyó:
Morfeo me mintió como un actor.
Rabié de mi suerte, mas no volvió
ni la noche, ni el sueño, ni tu amor.

Nauta

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