Una cumbre como siempre desierta;
son musgos y líquenes la única vida
que incluso la mente consciente olvida
en la planicie yerma tan abierta.
Arriba, la cabeza descubierta
una persona que ha sido traída
buscando encontrar, más que una salida,
el fin remoto de una meta incierta.
Sus ojos, lejos, en el infinito
preguntándose enigmas ignorados
al igual que las esfinges del mito.
Dos lágrimas, los párpados cerrados;
bajo sus dos pies, el mundo finito;
en la cima, sólo él, con sus pasados.
Nauta
Puedes contactar conmigo en: maese_j@hotmail.com