Sueños de Eternidad

CXXVII (127)

Una colina olvidada,
ignorada en la memoria
del hombre mortal.
Una colina con arbustos
de romero y tomillo,
de flores de montaña.
Una colina aislada,
elevada sobre la llanura
como el hito de un dios.
Una colina austera
adornada sólo
con el monolito.
Una piedra gris,
inamovible y dura,
como el mismo tiempo.
Una piedra gastada
por la lluvia y el viento,
por el sol veraniego.
Una piedra solitaria
como la propia colina,
como el caminante viajero.

Nauta

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