Para el que no ha sido jardinero
varias cosas le recomendaría:
la primera que, en el día a día,
la esperanza no pierda aunque enero
sea de mucho frío y ventolero.
Otro consejo más que le daría,
recordar de los frutos la alegría,
cuando el trabajo le abrume en febrero.
En marzo ya se puede adivinar
lo que la labor constante ha forjado
y aunque abril puede llegar a asustar
mayo es hermoso por manos creado
y no olvide el verano por llegar
ni el otoño que le dejará encantado.
Nauta
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