Construí mi castillo
piedra sobre piedra
en la roca más dura.
Tres veces amurallado,
las torres derechas,
un puente infranqueable.
Pensé en los asaltos,
pensé en los sitios,
pensé en la victoria.
Orgulloso miré al cielo,
sólo el sol entraba,
sólo la lluvia y el viento.
Y llegó el día fatal,
un día oscuro, funesto:
el día de mi derrota.
Fue suave y sutil
como el olor de la rosa,
como el canto del ave.
Fue un sueño, una ilusión
que rompió las murallas,
que hundió el castillo.
Nauta
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