Sueños de Eternidad

DCXLVIII (648)

Llevados por el viento,
millares de algodones
fríos, blancos,
recorren los espacios
bajo los cielos grises.
Ordenados por la mano
del maestro invisible,
fríos, blancos,
construyen un mosaico
que algunos admiran.
Y cuando el tiempo
de la obra concluye,
fríos, blancos,
esperan pacientes el sueño
que los desvanece en el aire.

Nauta

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