Sueños de Eternidad

DXLV (545)

Es duro saber
que ya no veré tu sonrisa,
a través de ese cristal,
donde te vi
por primera vez.
Ya no te sentiré cercana,
ya no vigilarás mis pasos
para que no caiga.
Me tocaste con tu luz,
llenaste mi vida;
fui alguien
con sólo una palabra:
mi nombre.
Lo aprendiste,
lo conocías;
era importante.
Pero ya no estás
y siento tu vacío,
inmenso en mi alma,
que llena el rostro
de lágrimas saladas.
Fuiste lejos,
pero también
te quedaste cerca.
Ahora nos toca
transformar la vida
como tú hiciste:
dando a cada uno
su propio nombre.

Nauta

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