Y vuelvo a estar solo,
sin más compañía
que el susurro del viento en las sienes.
Abandonado, olvidado, despreciado.
Alejado, ignorado, separado.
Rehuido por la única rareza
de ver más allá,
más allá del crepúsculo
más allá del horizonte.
Desconocido por los muros
de una fortaleza necesaria,
para evitar heridas
para evitar lesiones.
Esquivado por presentarme firme,
y frío y maduro e inconmovible
pues yo ya he crecido
aunque con espíritu de niño.
Pero sigo solo
y en la soledad busco
quien quiera compartirlo.
Nauta
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