Sueños de Eternidad

CLXXXII (182)

He descubierto una gema preciosa
tan hermosa como el sueño de amor
que trajo a mis pupilas su color,
esa luz fuerte, brillante y hermosa.
Clara como mañana luminosa
a la que saluda leve una flor,
limpia como del agua el rumor
en la virginal corriente ruidosa.
Una piedra densa, cálida y suave
que sostiene con gran miedo mi mano
pues a la par ligera como un ave
puede huir del seno mío cercano.
Quiera Fortuna recale su nave
y al final a mi alma llegue el verano.

Nauta

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