Sueños de Eternidad

CDLXXXV (485)

Con los cabellos mojados
y el rostro en el cielo,
una sincera sonrisa
en sus labios y en sus ojos.
Girando suavemente
con las palmas abiertas
sin sentir el frío,
tan sólo las caricias.
El paso de un baile
nunca aprendido
simplemente inspirado
por la madre absoluta.
Luego, un silencio,
cálidas telas blancas,
sintiendo en las manos
una taza solitaria,
descubriendo los momentos
que siempre importan.

Nauta

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