El bosque está callado:
no se oye a los pájaros reír,
ni a las hojas murmurar
del amor de las ardillas.
El viento no canta,
ni juega con las ramas,
sólo sopla y se arrastra
como una serpiente invisible.
Se fueron los duendes,
huyeron con su magia;
y los árboles no son los mismos
sin sus rostros ni sus voces.
Y es que los duendes se fueron,
huyeron con su magia;
y la vida olvidó
que habían existido.
Nauta
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